AL FILO DEL TIEMPO
Por Francisco Reyes Palma
Hace ya tres décadas, al abandonar una intensa producción como grabadora, Mariana Yampolsky se inició
en la fotografía; desde entonces ha mantenido entres sus temas centrales la arquitectura, aquella que la
mano laboriosa y la emoción creadora de los habitantes del campo y la provincia elaboran como prodigios
cotidianos.
Arquitectura preindustrial, poseedora de una racionalidad distinta al ansia modernizadora, la cual, en su
afán mercantil, comprime espacios y formas hasta alcanzar los limites del tedio. En cambio la edificación
tradicional ha mantenido por siglos ciertos patrones constructivos, muestra de que satisface las
necesidades reales de quienes la habitan, se sirven de ella o la disfrutan.
Sobre el tema de la arquitectura popular, con su óptimo aprovechamiento de los materiales del medio
natural, al grado que las construcciones parecen brotar del paisaje mismo, ha vuelto una y otra vez la
fotógrafa y editora mexicana: La casa en la tierra (1981), La casa que canta (1982),
Estancias del olvido (1987), y dos obras más actualmente en proceso.
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