Tras una serie de reuniones previas, al finalizar el año 2001 quedó formalmente establecida la Fundación
Cultural Mariana Yampolsky, A.C., como mediadora y conservadora del partimonio que la fotógrafa y su
compañero de vida, Arjen van der Sluis, generosos entregaban a México. La Fundación velaría asimismo
por la defensa de los derechos autorales, la integridad de los fondos y su empleo sólo para fines culturales,
humanitarios, educativos y de recreación. Fue entonces cuando, en medio de nuevas interrogantes,
Mariana halló algo de sosiego. El proyecto se configuró alrededor del viejo sueño de conservar el legado
en su casa, transformada también en refugio de la memoria de otros fotógrafos. Quizá quería evitarles la
cuota de incertidumbre que tanto la agobió.
En realidad se trataba de dos casas en el corazón de Talpan, separadas por un pequeño jardín, tan
indomable como su dueña. La casa-estudio que diseñó para sí, con base en el saber acumulado por su
contacto con la arquitectura vernácula; y la antigua casona, reconstruida como habitación materna, a
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partir de una estructura decimonónica cuyo valor artístico deriva de su
asociación con el zapatismo. La idea era establecer, a futuro, un
espacio en el sur de la ciudad dedicado a la fotografía y a las nuevas
mediáticas, con una biblioteca de investigación y una buena
concentración de fondos documentales de autores diversos. Acogería,
además, a investigadores y artistas en estancias breves. Mariana
consideró también hermanar el lugar con instituciones afines, e
integrar terminales en línea para la consulta informatizada de los
archivos nacionales.
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